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Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886)

         "Sin embargo, a pesar de mi marcada dualidad, no era en ningún sentido hipócrita, y mis dos caras eran sinceras. Igualmente era yo, cuando abandonando todo freno me entregaba a actos que podrían llamarse deshonestos, que cuando me dedicaba a profundizar mis conocimientos y a aliviar el dolor ajeno. Y ocurrió que mis estudios científicos, que apuntaban a lo místico y a lo trascendente, influyeron y arrojaron un rayo de luz potente sobre el entendimiento de la guerra permanente entre mis dos personalidades. Cada día, con la ayuda del aspecto moral y del aspecto intelectual de mi inteligencia, me acercaba más a la verdad cuyo descubrimiento me ha empujado a este terrible naufragio, y que consiste en que el ser humano no es sólo uno, sino dos. Y digo dos porque mis experiencias no han ido más allá. Otros vendrán más adelante, otros que me sobrepasarán en conocimientos, y me atrevo a predecir que, al fin, el hombre será reconocido como un conglomerado de personalidades diversas, independientes y discrepantes."

El relato de Stevenson sería en 1886, una hipótesis literaria de la teoría psicoanalítica.

El doctor Jekyll es un respetable y brillante miembro de la sociedad londinense que ha escondido con "una vergüenza casi morbosa" algunas características particulares de su personalidad. Jekyll investiga hasta encontrar la droga que le permite liberarse. Entonces comienza a transformarse en Edward Hyde: un hombre pequeño y extremadamente nervioso que produce repugnancia y estremecimiento. Los músculos de su rostro se contraen constantemente y deja en los demás la sensación de una deformidad invisible. Dos hombres se disputarán un cuerpo. 

Jekyll cree que puede dividir esas dos personalidades con nombres y cuerpos distintos para que Mr. Edward Hyde pueda llevar a cabo todos los proyectos que el doctor Jekyll no debe. Pero Hyde se descontrola, ama la vida con la misma intensidad que su mentor, y la disfruta sin límites: este goce incluye también el asesinato. Partirle el bastón a un amable anciano sobre el cuerpo hasta dejarlo sin vida.

"Ese monstruo que se hallaba enjaulado en su cuerpo, donde lo escuchaba gemir y lo sentía batallar por renacer, podía ser en un descuido en la vigilia, o cuando lo rendía el sueño, que se alzara y prevaleciera para siempre".

Lo que más le preocupa a Jekyll es no poder controlar a Hyde (es no poder controlarse): lo que más lo atemoriza es no poder sacarse al otro de encima como había previsto en teoría y la promesa del placer se convierte en dolor. Hyde es un asesino, Hyde goza con cada tortura que inflige y el doctor Jekyll ya no sabe si disfrutar con eso, simplemente porque Hyde no le da tiempo para razonarlo. Hyde comienza a aparecer cuando quiere, sin necesidad de ingerir ninguna pócima. Hyde es Jekyll y viene a cobrarse el tiempo perdido.

Conviene no olvidar que el Dr. Jekyll goza con los crímenes de Hyde, aunque se sienta turbado,  no le preocupa haberlos cometido, sino no poder esconderlos  (al principio Jekyll se promete una y otra vez no volver a tentarse con la idea de convertirse en Hyde).

Vivir plenamente la otra parte, la del malo, sería el sueño de cada hombre y era el sueño del Dr. Jekyll: "poder librarme de la Ley",  pero la culpa no lo permite, tampoco los otros lo permiten, lo que vendría a ser más o menos lo mismo, porque nadie se constituye separado del resto sino con relación a los otros y a las convenciones compartidas. Lo que nos vendría a decir todo esto es que es imposible que un hombre se conozca totalmente, es insoportable que un hombre se comprenda y se acepte en toda su plenitud separándose de los otros, el precio de este ponerse en juego es la vida de estos personajes, o la salud.

 ¿Yo soy también esto, yo soy también un asesino? La vida ordinaria parece estar vivida por la parte buena, la que comparte las buenas costumbres ¿La historia de las convenciones sería la historia de cómo los hombres se defienden de lo que los asusta, de lo que les da placer, de lo que los aleja del conflicto y la reprobación?  Pero al mismo tiempo el sujeto se define en tanto diferencia, siempre se produce la grieta. El "presentable" es el que no se muestra ante los otros tal cual es, es el que no se muestra "completo".

Siempre está la mirada de los otros, el "que dirán los otros", ir circunscribiendo el espacio hasta reducirlo al límite, encerrarse en una habitación, no poder recibir a las visitas en Jekyll, el típico motivo de las historias de laboratorio, en Frankenstein también, nadie puede entrar al laboratorio, que no vean esto que estoy siendo que no vean mi debilidad, la escena de la ventana en que Jekyll cambia de personalidad frente a sus amigos, en La Metamorfosis el espacio se comprime tanto que Gregor Samsa vive sus últimos momentos debajo de la cama en el cuarto en quien ya nadie entra ni limpia, y cuya puerta sólo se abre para dejar la comida.

Por qué los finales se repiten, por qué no una comunión sino un devorar de la parte oculta que conduce a la muerte, esta diferencia que es cada hombre está percibida como terror y extrañamiento, por qué lo que se elige para que devore es siempre lo que cada hombre tiene de diferencia, de original, de salvaje, de irracional.

Jekyll se siente inseguro cuando sabe que puede ser descubierto, por lo que no volverá a ser tentado. Ser tentado significa enfrentarse a la horca. Esta parece ser la estructura del obsesivo: convencerse de que hay una parte horrenda que nadie debe conocer, a riesgo de ser desaprobado, es el horror al patíbulo.

Todas las transformaciones de personalidad van acompañadas de una transformación física, en Stevenson, dos nombres y dos hombres en el mismo sujeto, dos cuerpos diferentes y opuestos: el pequeño asesino y el robusto hombre de ciencia. En Kafka la progresión es más lenta pero más tajante: casi no conviven, sino que uno se lo devora al otro: la cucaracha se lo traga, el hombre quiere hablar y sólo emite vibraciones propias de un insecto. Los personajes se enferman, se enloquecen  Mr. Hyde se torna cada vez más horrendo mientras el doctor Jekyll languidece a causa de la preocupación y del terror que lo va sitiando, el mal necesita nutrirse del bien. 

La quimera del escritor también está cifrada en poder escribir, inventariar, a un hombre capaz de experimentar esta utópica aventura aunque le cueste la vida, una especie de radiografía que descubre todas sus zozobras "... en mi extrema angustia, tengo pánico..."

Sevenson crea a Jekyll en el momento en que la rígida moral victoriana dicta sus reglas y la prosperidad material y moral está relacionada con guardar a toda costa las apariencias. Utteson,  justifica el comportamiento de su antiguo amigo citando la misma Biblia en la que Hyde escribe blasfemias: "...no critico la herejía Caín Génesis 4,9 "El Señor preguntó a Caín ¿dónde está tu hermano? el respondió: no lo sé; ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?", cada uno es libre de destruirse como mejor le parezca".